La travesía de la incertidumbre

a la muerte

En el Hospital O’Horán, doña Margarita recibió información imprecisa sobre la situación: por ejemplo, un médico le dijo que sólo su hija había fallecido y que los gemelos estaban en una incubadora. De ahí en adelante, todo fue confusión. A pesar de que doña Margarita entregó la orden del Hospital Comunitario de Peto que indicaba que a su hija había que hacerle cesárea, la sometieron a un parto. Eutiquio pidió ver a sus gemelos en la incubadora y fue cuando le dijeron que no habían sobrevivido. Entonces pidió ver los cuerpos y se lo negaron arguyendo que no era una obligación del hospital mostrárselos.

Nadie les informó con claridad lo que los médicos escribieron en el informe médico que después entregaron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos: que el lunes a las 17:15 horas María Ligia expulsó vía vaginal dos productos no viables; que a las 19:45 horas tuvo un choque séptico y que a las 20:00 horas la ingresaron al quirófano para realizarle un legrado uterino instrumentado; que a las 21:00 la reportaron grave, con dificultad respiratoria y que falleció a las 21:30 horas.

A Eutiquio le entregaron el cuerpo de María Ligia la tarde del martes 28 de enero; y tras varias vueltas al Hospital O’Horán para rectificar errores en las actas de nacimiento, logró que le entregaran los restos de sus hijos hasta la madrugada del jueves 6 de febrero, es decir nueve días después.

Al día de hoy, Eutiquio sigue trabajando en Cancún y el suyo es el único sustento económico de la familia. Durante casi dos años, sus hijos no han recibido el beneficio de los programas sociales, como Progresa y Seguro Popular, porque María Ligia era quien se encargaba de esos trámites.

En Chacsinkín, la abuela es quien ahora compaña la vida diaria de los nietos, al menos de lunes a domingo por la mañana, que es cuando Eutiquio vuelve a casa.

“A mayor nivel de marginalidad, mayor riesgo de muerte materna. La posibilidad de morir en los municipios de muy alta marginación es casi seis veces más elevada que en los de baja marginación”, escribió en 2006 la doctora Elsa María Rodríguez-Angulo, investigadora del Departamento de Medicina Social y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Yucatán, estudiosa del fenómeno en su estado. Casi una década después, las cosas no han cambiado.